¿Cómo decidir qué comer atendiendo a la necesidad biológica, en medio de una alta disponibilidad y diversidad de alimentos, que satisfaga el gusto, acorde al presupuesto y las limitaciones de tiempo de la vida diaria, al mismo tiempo que no ponga en riesgo la salud?
Un consumo adecuado de alimentos que proporcionen los nutrientes necesarios es vital para ayudar al crecimiento y desarrollo óptimo de los lactantes y niños a fin de que lleguen a ser adolescentes y adultos sanos. Con ello es posible evitar enfermedades crónico-degenerativas, por ejemplo, diabetes mellitus, presión arterial alta, obesidad y cáncer debido tanto a carencias nutricionales como excesos en el consumo de alimentos que conocemos como chatarra, por ejemplo, refrescos, papas fritas, pizzas, hamburguesas, etc.
Por otra parte, la influencia del ámbito familiar, social, cultural o económico es decisiva para lograr buenos hábitos de alimentación, ya que desde temprana edad se proporcionan determinados tipos de alimentos, en horarios que a veces se repiten hasta dos o tres veces al día. En los niños, además cada vez que comen se desarrolla un vínculo afectivo con la madre, ya que ella prepara y proporciona los alimentos, además de que transmite sus hábitos y medidas higiénicas.
Cuando se alimenta al infante de manera excesiva y sin ningún control, se está sobreprotegiendo. Cuando se le proporcionan productos como dulces, pastelitos, papas fritas o chocolates como estímulo, previo o recompensa por alguna gracia del niño, es fácil olvidar que la salud va de la mano con la conservación de un peso acorde con la edad y la estatura, aunque también se debe tener en cuenta otro factor social y psicológico: la moda, que representa una fuerte influencia tanto en las relaciones sociales como en lo emocional, y que se ve reflejada en las preferencias y en los hábitos alimentarios.
En la actualidad, las niñas anhelan ser tan delgadas como sus muñecas y los niños tan fornidos como sus esculturales muñecos con los que juegan; pero, estos modelos aceptados por la sociedad, y promovidos en los medios masivos de comunicación mediante recursos mercadológicos, muchas veces devienen en padecimientos como la anorexia y la bulimia.Algunos malos hábitos alimenticios sólo se van modificando cuando se presenta alguna enfermedad relacionada con la alimentación, y entonces temporalmente se transforma mientras se recupera la salud, para volver otra vez a caer en dichos hábitos.Por desgracia, la información pertinente en torno a la nutrición tiene escasa o muy poca influencia en los buenos hábitos alimentarios, pues algunos individuos recurren a las dietas sólo cuando están enfermos o cuando la autoimagen afecta la personalidad o apariencia, como en el caso de la obesidad.
En cambio, no se llega a comprender que una dieta es un plan balanceado para la correcta alimentación del individuo, de acuerdo con sus propias características físicas, ambientales, culturales y familiares.Cierto es que cuando se divulga la información correcta acerca de una alimentación adecuada, debería dar como resultado hábitos alimentarios correctos y, por consiguiente, tendría que disminuir la frecuencia de algunas enfermedades. Sin embargo, para lograr una buena alimentación se deberá tomar en cuenta factores como edad, sexo, tipo de actividad física, disponibilidad de alimentos, nivel económico, usos y costumbres culturales del lugar donde se vive, así como el balance de los nutrimentos necesarios que deben conformar una dieta.
La importancia de una alimentación adecuada en la vida de todo ser humano, desde que se encuentra en el vientre materno, su desarrollo físico e intelectual da como resultado un crecimiento normal, niños sanos, adolescentes fuertes y adultos satisfechos, capaces de crear y desarrollar una nueva cultura de la alimentación con base en una dieta equilibrada.